Como un sueño. Así recuerda Efraín Loza la primera vez que oyó sobre
Misicuni cuando tenía 15 años. Transcurría la década de los 50 y ese
deseo se volvió una necesidad, pero no solo para él, sino para miles de
cochabambinos. Hoy, a sus 76 abriles, anhela beber el agua de ese río,
que fluye al norte de la Cordillera del Tunari y que es parte de la
Cordillera Oriental de Los Andes.
Pero su aspiración no termina de
hacerse realidad, aun cuando han pasado más de seis décadas desde la
primera vez que se habló del proyecto, en 1953. La priorización de otros
planes, falta de planificación y corrupción son los factores que
incidieron en su constante postergación.
“Cuándo
será que comience a operar, hasta eso tal vez voy a morir”, dice Loza,
mientras observa los baldes en los que colecta agua de la lluvia, pues
la que recibe de una cooperativa en su natal Quillacollo es
insuficiente.
El sueño de miles de kochalas de ese municipio, de
Cercado, Sacaba, Colcapirhua, Tiquipaya, Sipe Sipe y Vinto, denominado
eje metropolitano, comenzó en 1953 y nació como una opción para generar
energía eléctrica.
Según
Gonzalo Maldonado, ingeniero hidrólogo, protagonista de la denominada
Guerra del Agua de 2000, ese año la empresa consultora Montreal Eng de
Canadá hizo la primera evaluación de los recursos hídricos como opción
para producir electricidad.
Pero entonces surgió la primera piedra
en el camino del proyecto. El gobierno de entonces comparó las opciones
Misicuni y Corani y tras un análisis optó por construir una presa en la
segunda población, aunque, luego, su ejecución quedó en nada.
Transcurrieron
algunos años y en 1957 se elaboró el primer estudio de ingeniería del
proyecto. El mismo, según el ingeniero hidrólogo Roberto Vera, fue
realizado por su colega Luis Calvo, a través de su empresa Ingensoc, con
recursos propios.
En su texto Misicuni, ¿la frustración de un
pueblo? afirma que desde entonces la naturaleza del proyecto fue
múltiple, con los componentes de agua potable, líquido para riego y
energía eléctrica. Ya para entonces, la idea se plasmó en un estudio: el
Proyecto Múltiple Misicuni (PMM), pero tampoco avanzó más.
En
1960 se retomó el planteamiento para construir una hidroeléctrica. La
consultora TAMS evaluó las opciones Corani, Monte Punco, Locotal y
Misicuni. Pero se priorizó la primera alternativa y los trabajos fueron
ejecutados entre 1962 y 1966.
El plan múltiple siguió como una
intención por 22 años. Tomó cuerpo en 1975. La empresa Sofrelec, de
Francia, hizo el estudio de prefactibilidad y por primera vez se tomó en
cuenta el componente del agua. Se definió: la provisión del líquido
para consumo a todo el valle central; la irrigación de 18.000 hectáreas;
y la generación de 80 megavatios de electricidad. El análisis lo
financió ENDE SA (Empresa Nacional de Electricidad).
En 1979, la
compañía canadiense Lavadin realizó el análisis de factibilidad, que
determinó el uso de los ríos Titiri, Sherketa Mayu (de los que nace el
caudal del Misicuni), Viscachas y Putucuni. Se estableció que el volumen
a ser acumulado requería una presa de 120 metros de altura y un túnel
de 20 kilómetros. En 1987, la consultora suiza Electrowatt desarrolló el
diseño final. El informe refrendó el uso de esos cuatro caudales y fijó
el costo de la obra en $us 350 millones.
Con los estudios
concluidos y para darle impulso se creó la Empresa Misicuni en
septiembre de 1987. Empero, recuerda Vera, ese año el plan sufrió una
nueva postergación. El Gobierno priorizó la construcción del aeropuerto
de Cochabamba. La inversión para ese proyecto era de $us 90 millones,
mientras que la presa requería de un presupuesto de más del triple.
Por
ello, dos años después, en 1989, se decidió ejecutar la obra por
etapas. Una primera fase con la construcción del túnel de trasvase; un
segundo periodo con la edificación de la presa, la planta de tratamiento
y la hidroeléctrica; y una tercera etapa, con la perforación de dos
corredores para los ríos Viscachas y Putucuni.
La construcción del
conducto fue la primera obra en la lista con un costo de $us 66
millones. Ese mismo año, el Gobierno gestionó ante su par de Italia los
recursos para esa fase. Para otorgar los recursos, a una tasa de 0,10% y
a 20 años plazo, las autoridades italianas condicionaron la
participación en el proyecto de una empresa de su país.
Con el
dinero asegurado, en 1992 se convocó a la licitación para la perforación
del corredor. El consorcio ítalo-boliviano Condotte-Cosapi-Transandina
ganó la convocatoria y suscribió el contrato en mayo de 1993. Empero
recién en 1995, el Gobierno italiano aprobó el préstamo de $us 43
millones, que luego subió a $us 60 millones.
El contrato de
crédito se firmó en febrero de 1996 y ese mismo mes la Empresa Misicuni
dio la orden para el inicio de las obras. Sin embargo, la sociedad se
negó a proseguir, por lo que en abril de ese año se disolvió el acuerdo.
La
excavación del túnel se detuvo. En 1997, los ejecutivos de Misicuni
contrataron a la consultora Dames-Moore para actualizar los costos y el
precio subió a $us 66 millones. El consorcio ítalo-boliviano Astaldi-ICE
Ingenieros, que resultó segunda en la primera licitación, se adjudicó
la obra en 1998. Un tiempo después, la compañía italiana se retiró y el
trabajo quedó en manos de ICE.
Mientras seguía la excavación, en
1999 los servicios de agua potable y alcantarillado de Cochabamba fueron
privatizados. Al consorcio Aguas del Tunari se le otorgó la prestación
del servicio y, entre otras medidas, dispuso el alza de tarifas, lo que
provocó la reacción de la población que, tras enfrentamientos a
comienzos de 2000, logró que la empresa se vaya del país.
Posterior
a esa confrontación, que fue denominada la Guerra del Agua, y mientras
proseguía la excavación de la galería, las autoridades recién impulsaron
la construcción de la presa. En 2003, el consorcio Tams-Ingetec realizó
los estudios y diseños complementarios del PMM. Ese análisis fijó una
altura del dique de 85 metros, cuando en la década de los 70 se había
definido una elevación de 120 metros.
Ese año se solicitó
oficialmente al Gobierno italiano un crédito y éste ofreció 25 millones
de euros (equivalente a $us 32,3 millones). Al año siguiente se hizo
también un pedido a CAF que comprometió $us 7 millones. El monto
restante hasta llegar a 84,2 millones (para la obra) corrió por cuenta
del TGN, con $us 6,5 millones y la gobernación, $us 38,4 millones.
Pero
entonces surgió otro nuevo debate por la altura de la represa. La
exprefectura de Cochabamba demandó una elevación de 120 metros, como en
el estudio de los años 70. El argumento era que con una altitud menor no
se garantizaba la provisión de 6.000 litros por segundo de agua (l/s).
Tras
un debate, finalmente el Ejecutivo nacional aceptó que se erija en ese
nivel. En julio de 2006 se autorizó a la Empresa Misicuni publicar la
licitación. Igual que con el túnel, para financiar esos trabajos, Italia
pidió que una empresa de su país se adjudique la obra.
Ya para
entonces, la perforación del corredor había sido concluida. Esa
excavación empezó en febrero de 1997 y fue entregada en abril de 2005.
Pero no operó al 100% porque no se construyó de manera paralela la
represa. Solo se inició el trasvase de 400 l/s de agua, cuando su
capacidad es para 3.000 l/s. Desde su entrega, Semapa comenzó a recibir
250 l/s, que equivale a cerca del 20% del agua que se consume en
Cercado. Otros 100 l/s llegan a Tiquipaya.
El actual presidente de
la Empresa Misicuni, Jorge Alvarado, exdiputado del MAS, expresidente
de YPFB y exembajador de Bolivia en Venezuela, observó que las
autoridades de turno solo hayan gestionado los recursos para la
perforación del corredor y no así para el embalse.
No obstante, la
segunda fase ya estaba encaminada. Según el representante, la revisión y
actualización del proyecto fueron encargadas al consorcio
brasileño-boliviano Engevix-Caem, al que también se contrató para que
supervise la construcción de la represa.
Con base en ese reajuste
se llamó a licitación en diciembre de 2007, pero ésta fue declarada
desierta porque no se presentó ningún proponente. El proyecto fue
postergado un año y en diciembre de 2008 se publicó el segundo llamado.
Al año siguiente, en enero, se presentaron cinco sociedades, entre ellas
el Consorcio Hidroeléctrico Misicuni (CHM), que estaba integrado por la
italiana Grandi Lavori, la boliviana CCI SRL; las venezolanas Vialpa y
Obresca y las colombianas Change Consulting Group y GCC SA.
Esa
sociedad se adjudicó los trabajos en marzo de 2009 y en mayo se firmó el
contrato, por un monto total de $us 78,8 millones, aunque el
presupuesto de la obra fue de $us 84,2 millones.
La Empresa
Misicuni entregó al CHM un anticipo de 20% ($us 15,7 millones) para la
edificación de campamentos, contratación de personal, movilización de
parte de los 110 equipos que ofertó, así como la compra de materiales de
construcción, pero luego ese monto fue incrementado en 15%, a $us 18
millones, porque así lo preveía el contrato. De ese adelanto, la
asociación destinó $us 5 millones a la compra de 12 volquetas.
Cambios.
“Utilizaron ese anticipo en cosas para las que no estaba destinado y el
momento de empezar la construcción, el consorcio no tenía (recursos),
se lo había gastado y lo que le sobraba era muy poco. Por eso es que la
represa se ha ido construyendo lentamente”, manifiesta Alvarado.
Pero
la falta de recursos no fue el único factor que influyó en el
incumplimiento del cronograma, también se presentaron otros problemas
como, por ejemplo, un derrumbe de un talud en el lado izquierdo de la
presa, que además causó el ajuste del diseño.
Para que no haya una
falla geológica, el eje izquierdo de la presa fue removido dos grados y
así se evitó que el embalse se desestabilice. Al hacer ese movimiento,
el lado derecho se desplazó 18 metros. Ese cambio derivó en la
modificación del diseño de la cara de enrocado y el aumento del espesor
del mismo (la presa tiene además una cara de concreto, que es la que
retiene el agua).
En la actualidad, según información oficial, la represa de 120 metros del Complejo
Múltiple Misicuni de Cochabamba fue concluida y será sometida a una fase
de pruebas técnicas durante este mes
Esa infraestructura fue
terminada con la instalación de dos válvulas y un par de juegos de
compuertas para el trasvase y la evacuación de agua.Las válvulas prevén ser cerradas de manera definitiva en los próximos días para que la presa comience a envasar las aguas del río Misicuni.
El líquido del afluente cubrirá unos 60 millones de metros cúbicos de la capacidad de almacenamiento del embalse y el resto se cubrirá con el agua que se generará por lluvias que caerán en Cochabamba entre noviembre de este año y abril de 2017.

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