Los veteranos que combatieron las guerrillas de Ñancahuazú y Teoponte volvieron a participar en la Parada Militar de las Fuerzas Armadas, en un acto cargado de simbolismo histórico y político.
La ciudad de El Alto fue escenario este 7 de agosto del retorno de los excombatientes de las guerrillas de Ñancahuazú (1967) y Teoponte (1970) a la Parada Militar, después de casi dos décadas de ausencia de los actos oficiales de las Fuerzas Armadas.
La ceremonia, realizada en la explanada de la Primera Brigada Aérea, reunió a más de 5.000 efectivos militares y formó parte de los actos conmemorativos por el 201.º aniversario de las Fuerzas Armadas de Bolivia.
Un regreso cargado de simbolismo
La reincorporación de los veteranos a la parada militar representa uno de los elementos más simbólicos de la jornada. Durante los últimos años, los excombatientes habían denunciado su marginación de las actividades institucionales de las Fuerzas Armadas.
El conflicto se hizo especialmente visible durante las gestiones del Movimiento al Socialismo (MAS). En 2010, dirigentes del sector denunciaron que habían sido apartados de los actos militares luego de asumir la consigna “Patria o muerte”, asociada al legado político de Ernesto “Che” Guevara.
A partir de entonces, los excombatientes optaron por participar de manera independiente en las celebraciones.
El particular vínculo de Rodrigo Paz con Teoponte
El retorno de los veteranos adquiere una dimensión particular debido a la historia familiar del presidente Rodrigo Paz, quien encabezó la ceremonia.
Su tío paterno, Néstor Paz Zamora, formó parte de la guerrilla de Teoponte y murió en octubre de 1970, a los 24 años.
De esta manera, el mandatario presidió un acto en el que las Fuerzas Armadas rindieron reconocimiento precisamente a quienes combatieron el movimiento guerrillero del que formó parte su familiar.
El episodio constituye uno de los elementos más llamativos de la jornada y añade una dimensión personal a un acto que busca recuperar la presencia institucional de los antiguos combatientes.
El mensaje del nuevo mando militar
Durante la ceremonia, el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, general Víctor Hugo Balderrama Quezada, destacó el retorno de los veteranos y señaló que una de las prioridades de su gestión es el “desagravio” a los miembros de la reserva activa y del servicio pasivo que, según afirmó, permanecieron apartados de las actividades institucionales durante casi 20 años.
El reconocimiento marca un cambio respecto a la relación que este sector mantuvo con las Fuerzas Armadas durante las últimas gestiones gubernamentales.
Una parada militar con despliegue de fuerzas
Además del componente histórico, la jornada incluyó una demostración de las capacidades operativas de las Fuerzas Armadas.
Aeronaves K-8 sobrevolaron el cielo alteño, mientras que en tierra participaron vehículos blindados, tanques y unidades militares. También se realizaron demostraciones de paracaidismo.
Entre las unidades e instituciones presentes estuvieron la Escuela de Altos Estudios Nacionales “Cnl. Eduardo Abaroa”, la Escuela Militar de Ingeniería (EMI) “Mcal. Antonio José de Sucre”, el Centro de Instrucción de Tropas Especiales (CITE) y la Escuela Militar de Topografía.
También participaron unidades históricas como el Regimiento de Infantería 1 “Colorados de Bolivia”, escolta presidencial, el RC-4 “Ingavi” y el RIM-23 “Cnl. Max Toledo”.
Delegaciones provenientes de distintos departamentos se sumaron al desfile, entre ellas el RI-2 “Mcal. Sucre”, conocido como “Chaquetas Amarillas”, y el RI-3 “Gral. Juan José Pérez”, identificado como “Chaquetas Verdes”.
¿El fin de una fractura de casi dos décadas?
El retorno de los excombatientes representa más que una participación protocolar. Su presencia junto a las Fuerzas Armadas, reservistas y miembros del servicio pasivo apunta a recomponer una relación que permaneció marcada durante años por diferencias políticas e institucionales.
La decisión del nuevo mando militar de reincorporarlos a la Parada Militar puede interpretarse como un intento de cerrar una etapa de distanciamiento y recuperar la unidad interna de la institución castrense.
Más allá de las diferencias ideológicas que rodearon a las guerrillas de Ñancahuazú y Teoponte, el acto de El Alto coloca nuevamente a sus protagonistas dentro del escenario institucional de las Fuerzas Armadas, casi seis décadas después de aquellos conflictos.

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