Durante 49 días, Aldi Novel Adilang permaneció solo en medio del océano Pacífico, a bordo de una pequeña plataforma de madera sin motor ni remos.
Aldi tenía apenas 18 años. Su trabajo consistía en vivir durante meses sobre un rompong, una estructura pesquera flotante ubicada a unos 120 kilómetros de la costa de Sulawesi, Indonesia. Por las noches debía encender lámparas para atraer a los peces hacia las instalaciones.
Pero el 14 de julio de 2018, todo cambió. Fuertes vientos golpearon la zona y la cuerda que mantenía anclada la plataforma se rompió. Aldi comenzó a alejarse de la costa.
No tenía motor. No tenía remos. Y delante de él solo había kilómetros de océano.
Sobrevivir con lo que tenía
Aldi contaba con arroz, especias, aceite, agua y combustible. Sin embargo, las provisiones empezaron a agotarse mientras la plataforma continuaba a la deriva.
Pescaba principalmente atunes. Mientras tuvo combustible pudo cocinarlos, pero cuando este se terminó comenzó a arrancar trozos de madera de la propia plataforma para hacer fuego. Con el tiempo, incluso tuvo que comer pescado crudo.
El agua era un problema todavía mayor. Cada vez que llovía, recogía todo lo que podía. Durante algunos periodos de sequía llegó a intentar beber agua del océano a través de una camiseta mojada, una práctica que en realidad no elimina la sal y puede ser peligrosa.
La soledad comenzó a vencerlo
A medida que pasaban las semanas, Aldi empezó a perder la esperanza. Lloraba con frecuencia y llegó incluso a pensar en quitarse la vida. Lo que más le preocupaba era no volver a ver a sus padres.
En la plataforma tenía una Biblia. Comenzó a leerla para mantenerse ocupado y encontrar fuerzas. También cantaba canciones religiosas y rezaba mientras la pequeña estructura seguía flotando sin rumbo.
Y entonces aparecieron los barcos.
Pero ninguno lo rescató.
En una ocasión consiguió comunicarse por radio con una embarcación indonesia. El capitán le dijo que terminaría su trabajo y regresaría para recogerlo.
El barco nunca volvió.
También tuvo que soportar la presencia de tiburones que se acercaban a la plataforma.
El día 49
El 31 de agosto de 2018, después de 49 días a la deriva, Aldi divisó otro barco en el horizonte.
Era el MV Arpeggio, un buque con bandera de Panamá.
Aldi agitó una toalla y utilizó la radio para pronunciar las palabras que podían cambiar su destino:
“Help. Help”.
El barco ya había pasado aproximadamente una milla de distancia. Pero esta vez ocurrió algo diferente.
El capitán decidió regresar.
La tripulación se acercó a la pequeña plataforma y finalmente ayudó al joven a subir al enorme buque.
Después de casi siete semanas en el océano, Aldi volvía a estar a bordo de una embarcación capaz de llevarlo a tierra.
El Arpeggio continuó posteriormente hacia Japón, donde intervinieron funcionarios indonesios. Días después, Aldi pudo regresar finalmente con su familia.
Había pasado 49 días solo en el océano, sobreviviendo con pescado, lluvia y partes de la propia plataforma que lo mantenía a flote.
Pero cuando posteriormente le preguntaron qué había sido lo más difícil de aquella experiencia, no habló primero del hambre, la sed ni de los tiburones.
Habló de sus padres.
El mayor temor de Aldi había sido morir sin volver a verlos.
Durante 49 días, esa idea lo acompañó en medio del océano.
Hasta que, finalmente, un barco decidió regresar por él.

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