Evo y el MAS ya no tienen Fuelle


Durante más de quince años, la sola amenaza de un bloqueo de carreteras o una marcha convocada por Evo Morales paralizaba Bolivia. El Movimiento Al Socialismo (MAS) funcionaba como una maquinaria bien aceitada de presión social, capaz de movilizar miles de personas, cercar ciudades y doblarle el brazo a cualquier gobierno. Sin embargo, la realidad actual muestra un panorama drásticamente distinto: el mito del invencible poder de convocatoria evista se ha desmoronado.

En los últimos meses, el libreto se ha vuelto repetitivo y predecible. Anuncio de medidas de presión, convocatorias a "bloqueos indefinidos", fijación de fechas límite... y, al llegar el día marcado, una cadena de postergaciones, "cuartos intermedios" y excusas. La incapacidad para iniciar y sostener las medidas de fuerza no es fruto de la prudencia política, sino de una verdad incómoda para el evismo: ya no tienen el fuelle de antes.

La erosión del poder de convocatoria y el desgaste de la imagen

Las bases sociales y los sectores populares, que en su momento acudían de forma disciplinada al llamado de su "líder indiscutible", hoy muestran signos evidentes de cansancio. La ciudadanía y los propios movimientos campesinos y urbanos están asfixiados por la crisis económica y comprenden que paralizar el país solo profundiza el impacto en sus propios bolsillos.

La figura de Evo Morales atraviesa su momento de mayor desgaste. Años de pugnas internas, ambición de perpetuación en el poder y discursos confrontativos han minado su credibilidad. Si bien en las redes sociales su equipo despliega un impresionante aparato digital repleto de bots, cuentas falsas y propaganda dirigida a inflar su popularidad, la realidad de la calle no se puede falsificar con algoritmos. Las marchas despobladas y los bloqueos tibios son el reflejo real de una imagen política que tocó techo.

El mito del "bonanza evista": Narrativa vs. Realidad

Para intentar recuperar terreno, el discurso evista apela constantemente a la nostalgia, vendiendo la idea de que durante su mandato Bolivia vivió un "milagro económico" perfecto y que todo era prosperidad. Sin embargo, un análisis riguroso de la historia reciente desmiente esta narrativa victoriosa:

  • El verdadero motor económico: La bonanza económica de los años 2000 no fue obra de una fórmula mágica del MAS, sino del súper ciclo internacional de las commodities (precios récord del petróleo, gas, minerales y soya), un contexto macroeconómico ajeno y favorable que benefició a toda la región.

  • La infraestructura heredada: La base del negocio del gas —que financió las arcas estatales durante esos años— fue construida por gestiones anteriores. La exploración, el descubrimiento de los megacampos y la construcción de los principales gasoductos (como el de exportación a Brasil y Argentina) fueron fruto de inversiones estratégicas previas. Evo Morales y el MAS simplemente llegaron en el momento preciso para cobrar la renta petrolera de una infraestructura que ellos no diseñaron ni construyeron.

  • La falta de previsión: En lugar de sembrar el gas y reinvertir en exploración para garantizar el futuro energético del país, el régimen se dedicó a gastar la bonanza en propaganda, subsidios insostenibles y obras de dudosa utilidad pública. Hoy, las consecuencias de esa falta de gestión están a la vista de todos.

Un ciclo político que agota sus recursos

El constante aplazamiento de las movilizaciones no es un accidente táctico; es la prueba irrefutable de un liderazgo que ha perdido la capacidad de movilizar a las masas. Cuando la narrativa nostálgica deja de convencer y los recursos para movilizar a la gente se agotan, la presión de calle pierde su eficacia.

Evo Morales y su entorno más cercano se encuentran atrapados en su propio pasado, intentando aplicar las mismas recetas de hace dos décadas en un país que cambió, que está cansado de la confrontación y que hoy paga los platos rotos de la fiesta del gas. El MAS evista ya no asusta ni paraliza: simplemente se quedó sin fuelle.

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